En Argentina las fuentes más habituales de contaminación son: de origen humano, industrial, agrícola y minero.
En el área metropolitana la situación ambiental de la Cuenca Matanza Riachuelo alcanza niveles críticos. Años de imprudencia, abandono y desidia han convertido al río y a su zona de influencia en un ícono nacional de la contaminación e injusticia ambiental.
Como consecuencia de esto, la comunidad ribereña convive con niveles de contaminación y riesgos inadmisibles. Inundaciones periódicas, altos niveles de contaminación y un incontrolado desarrollo urbano e industrial.
De los 5 millones de habitantes de la cuenca el 35% no tiene acceso a agua potable en calidad aceptable y el 55% no posee servicios de cloacas.
La Capital Federal y Gran Buenos Aires se está tornando cada vez más irrespirable. El fenómeno de la polución atmosférica es lenta, aumenta en forma inexorable, y por eso nos vamos adaptando y acostumbrando sin darnos cuenta. Nuestra situación es crónica, con niveles que van de bueno a regular.
Pero crónica significa que se puede agravar con el tiempo. Tenemos una posición geográfica buena y los vientos mueven las grandes masas de aire viciado que ensombrecen nuestras ciudades: los vientos Sudestada (frío y húmedo) y Pampero (frío y seco) actúan como barredora natural de la atmósfera de Buenos Aires.
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